marzo 05, 2007

Suaviter in modo, fortiter in re


Hoy comencé un nuevo proceso de educación, el Plan de Formación Pedagógica pero es un proceso diferente porque desde ahora ya no seré más alumna sino que tomaré el rol contrario, ahora estaré del otro lado de la sala de clases al frente de un grupo de jóvenes que esperarán de mi lo mismo que yo esperaba de mis profesores hasta el año pasado..
“Suaviter in modo, fortiter en re” era lo que sonaba en mi cabeza mientras la jefa de carrera nos hablaba del nuevo proceso. Esa frase la escuché durante mi aprendizaje en Letras y la dijo mi queridísimo maestro y hermano mayor letrado (lo adopté yo misma…) Ignacio Álvarez. Esa es la frase que desde hoy representará mi actitud en mi nuevo camino.
Mi paso por la enseñanza media fue en el liceo Carmela Carvajal de Prat un colegio donde había 8 cursos por nivel de 40 niñas en promedio por sala, es decir, era un lugar bastante poblado, por no decir sobre-poblado. Hoy recuerdo que entre tantas mujeres había mucha competencia porque hasta la más porra se había ganado un lugar en ese colegio, por eso, entre las niñas había una competencia oculta que hacía del colegio un lugar a veces bastante desagradable. Si eras la mejor alumna, te odiaban. Si ganabas algún concurso de poesía, te odiaban; si te elegían para visitar exposiciones u otras cosas te odiaban; si pololeabas con el niño más guapo del Nacional te odiaban; si eras amiga del profe guapo (que no lo era, pero era la única opción) también te odiaban. En fin, todas luchaban por destacar de una u otra manera. Y eso, sí que era angustiante.
Pero ahora, al sentirme del otro lado de la sala me puse a recordar mis años de colegio, en mis profesores y en como había sido mi experiencia en él. Nunca fui una alumna problema, siempre fui estudiosa y ordenada, pero no faltaron las oportunidades en que me expulsaron de la sala por estar conversando o riéndome.
La expulsión que más recuerdo fue en segundo medio. Nunca brillé en matemáticas, no eran mi fuerte ya que mi camino siempre, desde muy chica, iba por el lenguaje, la literatura, la música y las artes. Ese año, el profesor de matemáticas, Jorge Sandón, distribuyó la sala a su manera basándose en los resultados de la primera prueba. Como pueden imaginar los míos no eran de lo mejor así que me sentaron en la segunda fila al lado de una niña, Yesenia, que hoy estudia medicina en la USACH. Atrás mío estaba mi amiga brillante en matemáticas, Geraldine (con vergüenza confieso que me hacia los ejercicios en las pruebas, ahora terminó Derecho en la Chile) con mi amiga no brillante, Marjorie (Estudia Construcción en la PUC).
El asunto es que este profe siempre fue centro de burlas y de risas de parte de nosotras: era un gordo (bien gordo) con pechugas, que usaba un pachulí que se olía desde la escalera, caminaba con un balanceo de lado a lado (seguro que por el peso), hablaba todo en un tono parejo y de ultratumba. No era un profe pesado, pero yo me aterraba cuando tenía sus clases y escribía cuatro ecuaciones en la pizarra, llamaba a las alumnas según la fecha y la lista (lo que era positivo para mi porque era la número 44 de la lista) y fúnebremente decía: “Qué es lo que tiene, como lo desarrolla y a qué es lo que llega”. Los minutos previos, mientras llamaba, eran terribles para mí, no lo miraba, rogaba para que no saliera mi número y siempre agradecía que el calendario llegara sólo hasta el 30 o 31.
Bueno, resulta que este profesor tenía un libro de cabecera: el famoso Álgebra de Baldor. Pero el tenía un problema con las “x” y las pronunciaba como “s”, por eso cuando se refería al libro siempre decía “testo” lo que, como malas adolescentes que éramos, era motivo de silenciosas risas. Una vez nos propusimos contar cuantas veces decía “testo” durante la clase; ante la primera palabra mi compañera brillante, Geraldine, que estaba detrás a mi lado izquierdo comenzó a llamarme. Pero no se dio cuenta de que el profe había dejado de hablar y la estaba mirando fijamente, yo me hice la tonta y seguí atenta a la clase. Después de varias llamadas Geraldine se dio cuenta y con cara de susto miro al profe mientras él le decía: y a usted que le pasa. Ella respondió que nada, que necesitaba pedirme un lápiz. Ante la mentira el profe se enfureció y le dijo que se retirara de la sala. Luego, el profe miró en mi dirección y dijo “y usted también salga”. Pero como yo me había hecho la tonta no sabía si la orden era para mí o para Marjorie; entonces me di vuelta y le dije: ¿tú o yo? , hecho que enfureció tanto a Sandón que terminamos las tres afuera de la sala. Todavía no cerrábamos la puerta cuando explotamos en carcajadas. Pero la historia no termina ahí. Era tanto lo que nos reíamos que el profe salió a retarnos nuevamente. Después de su discurso nos mandó a la biblioteca y nos dijo “saquen el testo de Baldor y se ponen a hacer ejercicios”. Ya se me imaginaran como fueron las carcajadas.

Bueno, ahora que yo estaré en el lugar de Sandón, de George Pinto (de quien hablaré en otra oportunidad), de Inés Olivares o de la profe de Religión me aterra la idea de ser el centro de risas si se me sale lo flaite (mi novio siempre me molesta diciendo “sha casha la profe” cuando algo me sale medio flaite) o que nadie me pesqué o por cualquier cosa que me haga vulnerable ante mis alumnos.

Mi oración de ahora en adelante será “suaviter in modo, fortiter in re”. Con esa fórmula espero que todo salga bien.

4 comentarios:

Natalia dijo...

Leyendo, me acordé de varias situaciones similares, supongo que todos las tenemos. Mencionaré una que nos es más común, referida al profesor Francisco Sánchez (Arte y mito, Arte de los indígenas am+ericanos) profesor bastante seco y con ramos bien interesantes. Su "testo" era suplantado por el "curiosamente", era una palabra que repetía constantemente durante la clase, llegándo a registrar más de 100 en una...sí, pero fue Jorge quien se dio la paja de contar. Debo, decir que superaba a Esteban y sus "por ende", este profe decía: "los aztecas curiosamente tenían un sistema que curiosamente era muy complejo y curiosamente podemos rastrearlo hoy" y así se lo llevaba toda la clase...lo que me cuestioné muchas veces es que lo que decía no era realmente curioso.
Ahora, fuera de anécdotas, creo que lo que enfrentas este año es bien...potente. No es por influir en tus miedos, pero como te conozco, se que no solo esperas salvar la clase sin que alguien se ria de ti, sino que esperas por sobre todo, que la gente aprenda y que eso influya, en alguna medida, en un cmabio social. Creo que eso es lo complejo de lo que emprendes, lo complejo tiene que ver con lo que tú misma esperas, no solo de ti, sino del sistema educacional. Debo decir que te consideo muy valiente para estudiar lo que estudias...queda claro que no deseo estudiar educación. Es una carrera muy difícil que se, te tomas muy a pecho y seriamente, no lo digo solo porque seas mi amiga, sino porque he visto como te apasiona. Creo que solo con profesionales como tú, la educación puede llegar a variar, al menos un poco. Porque lo de las risas y los alumnos que no esuchan no solo tiene que ver con inmadurez de uno cuando es más 'escolar', sino también, con temas más sociales, de injusticia social, que es algo hablado anteriormente por nosotras. Creo que tu consciencia respecto de eso, es un punto a favor, no solo porque lo sabes, sino porque lo viviste siendo estudiante en un colegio público y sabes que en gran parte por ese colegio, estas donde estas.
Bueno, no me queda más que desearte suerte en lo que comienzas, más que suerte, mucha fuerza.

Esteban dijo...

Como te dije en lo del SIMCE, también conocí a Sandón, y también provocaba las mismas risas que gozaste tú, jaj.

María Soledad dijo...

sol necesito saber informacion de Jorge Sandon Carvajal, fui compañera y amiga de él en la U. , donde trabaja? . Mi correo es solesandovalmillar@gmail.com
Te lo agradeceré

Anónimo dijo...

Para Mí "Sandón, El Mejor Profesor que he tenido", ya que aunque era calmado, siempre explicaba las cosas de manera clara, y ahora soy el Mejor gracias a el.