febrero 26, 2007

Dime cómo te llamas y te diré quién eres


Mi nombre es María Antonieta, pero la verdad es que poco y nada sé de la dueña de ese nombre: la famosa reina, que murió guillotinada.
Tampoco sé porque mis padres eligieron este nombre para mí, como dije por ahí esperaban al hombrecito (soy la menor de tres hermanas). De chica, creo que lo odiaba bastante debido a que cada vez que alguien decía mi nombre lo terminaba con la frase “...de la Nieves, como la Chilindrina”. Aunque me encanta el Chavo del 8, el personaje en cuestión no era precisamente una niñita agradable y no era de mi gusto que la gente sólo ligara mi nombre con ella.
La primera vez que me sentí más a gusto con mi nombre fue cuando un señor que vendía papas en la feria escuchó mi nombre cuando mi mamá me llamaba. “Que lindo nombre” me dijo: "usted tiene el nombre y el porte de una reina". A los 8 años uno solo era la reina del papá, pero que algún desconocido te dijera reina y no en sentido de piropo chileno (lo que sería algo así como yeina) es un halago bastante bonito. Además, me daba gusto que no me ligara al apestoso personaje mejicano.
Luego, volví a odiar mi nombre porque ya no me lo decían pues para todos era simplemente María, como la teleserie. Siempre he sentido que ese nombre tan significativo para la cultura occidental es demasiado seco y muy violento con tantas vocales abiertas y un hiato más encima, una “r” que a pesar de ser suave en conjunto con “i” suena fuerte. Definitivamente, ese nombre no me gusta, pero por largos años fui conocida únicamente así: María Vergara. Todavía en algunos lugares me llaman así y la verdad es que no me gusta, no me gusta que las personas lo escuchen y peor aun no me siento dueña de ese nombre. En esos años sólo una persona me llamó por mi nombre y me hacía sentir como si fuera la reina, era la profesora de francés que me decía Marie-Antoinette.
Luego, las personas se acostumbraron a llamarme por cómo me decían mis papás, Toña o Toñita. Hasta hoy son muchas las personas que me llaman así. Y es muy raro cuando ellos me dicen María Antonieta.
Más grande, para evitar que la gente me dijera María, opté por decir solo el Antonieta. Hoy también existe un gran grupo de personas que me dicen así y de hecho es raro cuando ellos me dicen Toña o Toñita.
Hoy no sé a cual nombre me ligo más. Tengo afectos con todos ellos, menos con María a secas obviamente, pero cada uno de mis nombres tiene sentimientos especiales, hasta el nombre privado que mi novio me dio.
Cuando firmo un mail (o una carta) nunca sé cuál nombre poner, incluso en algunos he puesto más de uno. Después de todo no se que tanto pueda decir el nombre sobre cómo es uno, aunque la elección que hagan los padres tenga un significado particular, el vivir de cada uno dice quién eres y ya no más tu nombre.
Por eso, he escrito esto más allá de cómo me llamen, más allá de si el nombre perteneció a una reina que perdió la cabeza…Bueno, y si es que algo dice de ti el nombre lo único que espero es no terminar como ella!
(just me)

4 comentarios:

Natalia dijo...

Estas reflexiones sobre el nombre son siempre interesantes...ya lo he hecho antes y comenté sobre lo perturbador de encontrar otra Natalia Toledo. Bueno, creo que el nombre definitivamente sí es importante, no creo que determine que actúes o seas de una determinada manera, como esos típicos pergaminos, pero sí creo que el nombre te entrega lo que eres. Me explico, creo que el nombre es peor que el rostro, tu identificación de por vida es tu nombre, es una relación que se establece con tus padres desde el momento que lo escogen, y se extiende por toda la vida, es el nexo que estableces con todo lo que te rodea. Además hay todo un tema en eso de los apellidos, de llevar uno antes que el otro, o de llevar uno que no vale la pena, etc. Creo que el nombre te marca, como una cicatriz o algo así, el nombre es la persona que eres, he ahí el afán de nuestro gremio por cambiarse el nombre, inventarse uno...si se inventan un mundo, cómo no van a inventarse a ellos mismos? Un nombre que identifique quien desean ser, o incluso quien no desean ser, de todos modos, es lo que serán.
Puedo agregar que te faltó una forma en tu escrito, la forma universitaria por así decirlo “Anto”. Un nuevo nombre adquirido, que es a la vez un nuevo mundo adquirido.

Anto dijo...

Tienes razón, había olvidado mi nuevo nombre Anto, que es el que uso en este blog.
Pero como en mi caso tengo tantos nombres, lo que soy (si es se puede definir) está más allá de lo que esos nombres significan en los distintos mundos, en todos me siento yo, aun cuando el nombre usado sea cualquiera de ellos. Aunque, por ejemplo, en el mundo público Anto no se sale constantemente la Toña o la Negra.
Creo, que el único que no siento mío, donde yo no estoy es en el Maria (a secas) creo que en este caso se aplica quien no quiero ser.
De los apellidos, vaya eso si es fuerte o sea no es lo mismo llamarse Perez de Arce o Rojas aunque entre uno y otro no hayan diferencias...digamos materiales, para ejemplificar.
Es fuerte descubrir otra persona con tu nombre; tambien me tope con mi doble (en nombre) en mi mismo colegio...una niña un año mayor (o sea, convivimos) y se llamaba Maria Antonieta Vergara. Fue heavy porque le gustaba el mismo profe q a mi, estudió literatura en la Chile y más encima tomaba la misma micro yo...Yo siempre supe de su existencia, pero no tenia idea quien era...hasta que una vez me dijeron ella eres tu.
Increíble, pero cierto.

Cinthya dijo...

"Elejir una identidad" Claramente en la adolescencia todo el mundo elige una identidad... punky, metalero, pop star, penoso nerd, etc. No es casual que todos los sobrenombres surjan en ese preciso instante, cuando la verguenza te delata por completo. El hecho de que elijamos que alguien nos llame de determinada manera y otros de otra, implica que solo mostramos el lado que queremos mostrar. Dependiendo de con quien andemos nos llamaremos de forma distinta y creo que eso es una especie universal. "Soy cuico para algunos, indigente para otros, pero nadie puede negar que escupo fuego. Puedo segar un fósforo con la mirada, solo porque estoy seguro de eso". Como dicen los Chancho, solo tú decides qué eres.el nombre viene después.

arcano dijo...

¡Que locura!

Mi polola es aquella María Antonieta Vergara, 1 año mayor, que estudió literatura en la Chile (aunque finalmente siguió el camino de la lingüística).

Supongo que es consecuencia de tener un nombre icónico. ¡Saludos!